A menudo pensamos que la infancia es una etapa libre de preocupaciones, pero la realidad es que los niños también experimentan miedos, dudas e inseguridades. Estas preocupaciones pueden aparecer ante situaciones nuevas, cambios en su entorno o incluso a partir de su propia imaginación. Por ello, es fundamental que las familias sepan cómo acompañarlos de forma adecuada, ayudándoles a desarrollar herramientas emocionales saludables.
La importancia de validar sus emociones.
El primer paso para ayudar a un niño preocupado es escucharle con atención y respeto. Minimizar sus sentimientos o ridiculizarlos puede hacer que se sienta incomprendido y solo. Frases como “no es para tanto” o “no pienses en eso” no ayudan; en su lugar, es preferible mostrar empatía: hacerle saber que entendemos cómo se siente y que es normal experimentar nervios ante ciertas situaciones.
Seguridad y estructura: claves para su bienestar.
Los niños necesitan un entorno predecible para sentirse seguros. Mantener rutinas claras —como horarios de sueño, comidas o actividades escolares— les proporciona estabilidad. Además, anticipar los cambios con explicaciones sencillas les ayuda a prepararse emocionalmente y reduce la incertidumbre.
El juego y el dibujo como vías de expresión.
En la infancia, el lenguaje emocional no siempre se expresa con palabras. El juego simbólico y el dibujo son herramientas muy valiosas para que los niños exterioricen sus miedos. Invitarles a dibujar aquello que les preocupa y buscar juntos finales alternativos, más tranquilos o incluso divertidos, puede ayudarles a relativizar sus temores.
Técnicas sencillas para recuperar la calma.
Existen recursos prácticos que pueden ayudar a los niños a gestionar la ansiedad:
- Respiraciones profundas, como imaginar que inflan un globo en su barriga.
- Uso de objetos calmantes, como un peluche o una manta.
- Actividad física (correr, saltar o bailar) para liberar tensión acumulada.
Estas herramientas, practicadas con regularidad, les permiten desarrollar autocontrol emocional.
Reforzar sus logros.
Es fundamental reconocer los esfuerzos del niño cuando enfrenta aquello que le da miedo. Valorar su valentía, aunque el paso sea pequeño, fortalece su autoestima y le anima a seguir avanzando.
El papel del ejemplo familiar.
Los niños aprenden observando. La forma en que los adultos gestionan sus propias preocupaciones influye directamente en ellos. Mostrar calma, afrontar los problemas paso a paso y evitar dramatizar son aprendizajes fundamentales que se transmiten en el día a día.
Recursos para trabajar los miedos en casa.
La lectura compartida es una excelente herramienta para abordar las preocupaciones. Existen cuentos que ayudan a los niños a identificar y gestionar sus miedos de forma cercana y comprensible. A través de las historias, pueden verse reflejados y aprender estrategias para afrontar aquello que les inquieta.
- La preocupación de Lucía. Tom Percival.
- Yo mataré monstruos por ti. Santi Balmes.
- Los niños también se preocupan. Psicocuentos.
- ¿Y si me come una ballena? Susanna Isern.